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Bocadillo de calamares

Por
Fine Dining Lovers
Redacción
Dificultad
Fácil
Tiempo total
40MIN
Cocina
Ingredientes

Anillas de calamar frescas o descongeladas: 500 g

Harina de trigo: 100 g

Huevo: 1

Aceite de oliva virgen extra: para freír

Sal

Panecillos pequeños de barra: 4

Mayonesa: opcional

Limón: opcional

¿Buscas el bocadillo más madrileño de todos? Aquí tienes la receta para conseguir el rebozado crujiente y el pan en su punto justo

Sirve para 1

01.

Limpia los calamares, córtalos en anillas de un centímetro y sécalos bien con papel de cocina. Sazona con sal.

02.

Bate el huevo en un bol y pon la harina en otro.

03.

Calienta abundante aceite de oliva en una sartén honda hasta que alcance los 180 °C.

04.

Pasa las anillas primero por harina, sacudiendo el exceso, y después por el huevo batido.

05.

Fríe los calamares en tandas pequeñas durante 1-2 minutos, hasta que estén dorados y crujientes. Evita llenar demasiado la sartén para que no baje la temperatura del aceite.

06.

Retira y escurre sobre papel absorbente.

07.

Abre los panecillos por la mitad y, si quieres, unta un poco de mayonesa o alioli.

08.

Rellena generosamente con los calamares recién fritos y sirve enseguida, con unas gotas de limón si lo deseas.

Trucos

Seca bien los calamares antes de rebozarlos: si quedan húmedos, el rebozado no se adhiere y se desprende al freír. Fríe siempre en tandas pequeñas y con aceite bien caliente, entre 180 y 190 °C: si la temperatura baja, el rebozado absorbe aceite y pierde el punto crujiente. 

Sirve el bocadillo inmediatamente después de freír los calamares, ya que pierden textura con rapidez si se dejan reposar demasiado.

De la Plaza Mayor a toda España: el origen del bocadillo

El consumo de pescado y marisco en Madrid tiene una historia curiosa para una ciudad sin costa: desde el siglo XVI, la capital se convirtió en uno de los mayores consumidores de productos marinos de España, en parte por la tradición católica de abstinencia de carne y en parte por la demanda de la corte real, que exigía pescado fresco pese a la distancia con el mar.

Cómo y cuándo alguien decidió meter calamares rebozados entre dos panes no está del todo documentado, pero el resultado se convirtió en un firme protagonista de los bares que rodean la Plaza Mayor, punto de peregrinación obligada para cualquier visitante que quiera probarlos tal como se sirven desde hace generaciones.

Aunque esta versión frita y en bocadillo es la más popular, no es la única forma en que el calamar se ha ganado un lugar en la cocina española: si buscas algo más elaborado, los calamares rellenos muestran otra cara del mismo ingrediente, mucho más propia de la mesa familiar que de la barra de un bar.

Hoy el bocadillo de calamares ha traspasado las fronteras de Madrid y se puede encontrar en bares de toda España, aunque los madrileños siguen defendiendo que ninguno sabe igual que el que se toma en su ciudad de origen.

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