Pocas tabernas consiguen acercarse al siglo de historia sin convertirse en museos de sí mismas. Taberna Bolero, abierta en Montilla desde 1929, es una de esas excepciones. Conserva el murmullo de los clientes habituales y el carácter de punto de encuentro, pero su propuesta ha evolucionado para ofrecer una visión actual de la gastronomía cordobesa. El espacio mantiene su alma, un lugar de culto a los vinos de la tierra, pero en la mesa se percibe una creatividad que dialoga con el recetario tradicional sin desplazarlo. Esta dualidad define su identidad: un pie en el pasado y otro en la búsqueda de nuevas elaboraciones.\n\nEl menú se apoya en el producto de la Campiña y en las recetas locales, que son tratadas con giros sutiles. Así, el restaurante se ha hecho un nombre gracias a platos como las carrilladas con reducción de amontillado o un salmorejo con gelatina de oloroso, demostrando que los vinos de Montilla-Moriles son aquí tanto un ingrediente principal como el maridaje perfecto. Junto a clásicos como el rabo de toro o las alcachofas a la montillana, la selección siempre ha dado un lugar destacado a los pescados y mariscos frescos. El resultado es un repertorio que se siente familiar en sus sabores de base, pero que consigue presentar matices distintos en cada bocado.\n\nMás allá de la comida, el vino es el eje sobre el que gira todo. El local cuenta con su propia bodega, donde se cuidan los caldos, y ha sido reconocido por el Consejo Regulador de la D.O. Montilla-Moriles por su trayectoria. Este compromiso se extiende a la organización de catas dirigidas, que conviven con una programación cultural que incluye desde espectáculos de flamenco en directo hasta exposiciones de arte. El lugar trasciende lo puramente gastronómico para convertirse en un centro vivo de la cultura local, donde la conversación de una tertulia animada puede terminar con el toque espontáneo de una guitarra.