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Así se hace el auténtico salmorejo cordobés

Por
Fine Dining Lovers
Redacción
Dificultad
Fácil
Tiempo total
20MIN
Cocina
Ingredientes

Tomates maduros: 1 kg

Pan blanco asentado de algunos días (miga): 200 g

Aceite de oliva virgen extra: 120 ml

Dientes de ajo: 1 pequeño

Sal: al gusto

Huevos: 2

Jamón serrano en dados: 80 g

Es todo un icono del verano español, con su textura sedosa y color rojo intenso, y con esta receta paso a paso podrás replicarlo en casa

Sirve para 4

01.
Preparar los tomates

Lavar los tomates, retirar el pedúnculo y trocearlos.

02.
Hidratar el pan

Trocear la miga de pan y colocarla sobre el tomate triturado. Es fundamental dejar que el pan se empape con el jugo del tomate durante unos 10 minutos y jamás añadir agua, ya que la hidratación debe provenir exclusivamente de la hortaliza.

03.
Triturar

Añadir el ajo y la sal. Triturar todo hasta obtener una mezcla homogénea y fina.

04.
Emulsionar con el aceite

Incorporar el aceite de oliva poco a poco, en un hilo constante, mientras se sigue triturando, para que emulsione y se logre la textura cremosa característica. El pan cambiará de color rojo intenso a un tono anaranjado rosáceo.

05.
Colar y enfriar

Colar la mezcla con un chino para eliminar pieles y semillas si se busca una textura más sedosa. Refrigerar al menos una hora antes de servir.

06.
Preparar los acompañamientos

Cocer los huevos durante 10 minutos, enfriarlos y picarlos. Cortar el jamón en dados pequeños y colocar todo sobre el salmorejo para servir.

Consejos y trucos

La calidad del tomate lo es todo: deben estar bien maduros, justo en su punto. En cuanto al pan, el ideal es el de telera cordobesa, de miga blanca y compacta; es recomendable evitar panes tipo baguette o aireados, ya que no aportarán la densidad necesaria. Al añadir el aceite, procura hacerlo en hilo fino mientras trituras para lograr una emulsión estable y cremosa. Un error común es añadir agua si el resultado queda muy espeso; en su lugar, ajusta la textura con un poco más de tomate o simplemente triturando durante más tiempo a máxima potencia. Recuerda que, a diferencia del gazpacho, el salmorejo debe poder sostener los tropezones de jamón y huevo en la superficie sin que estos se hundan inmediatamente.

Variantes

Aunque el salmorejo tradicional solo lleva tomate, pan, aceite, ajo y sal, existen adaptaciones contemporáneas que respetan la técnica pero cambian el color y matiz, como el salmorejo de remolacha o el de naranja (típico de algunas zonas del interior). Sin embargo, cualquier versión que incorpore pepino o vinagre en exceso se aleja del concepto de salmorejo para entrar en el territorio del gazpacho. Otra variación consiste en reducir ligeramente la cantidad de pan para obtener una textura más ligera, aunque perderá parte de típica cremosidad original. Si quieres explorar otras versiones frescas con frutas o verduras, puedes inspirarte en propuestas como el gazpacho de melón o el gazpacho de remolacha, que reinterpretan la tradición andaluza desde un enfoque más creativo. 

Con qué acompañar el salmorejo cordobés

El salmorejo se sirve tradicionalmente con huevo duro picado y jamón serrano, mejor si es ibérico y cortado en pequeños taquitos, rematado con un buen hilo de aceite de oliva virgen extra. También puedes añadir unos picatostes para aportar un contraste crujiente, aunque en Córdoba lo habitual es respetar la sencillez del acompañamiento. Además de servirse en plato hondo, el salmorejo queda muy bien presentado en vasos pequeños como aperitivo, o incluso como base para una tosta con jamón o atún en preparaciones más informales. En un menú veraniego, combina especialmente bien con pescados a la plancha o con una tortilla española. Y si quieres agregar otros entrantes ideales para los días de calor, puedes probar estas recetas de sopas y cremas frías.

En cuanto al maridaje, un fino o una manzanilla de Jerez resultan opciones muy acertadas, ya que su frescura y carácter seco equilibran la untuosidad del aceite. 

Cómo conservar el salmorejo

El salmorejo debe conservarse en la nevera, preferiblemente en un recipiente de cristal bien tapado, y consumirse en un plazo de 48 a 72 horas. Al llevar ajo crudo, el sabor puede intensificarse con el tiempo. No obstante, si esto ocurre, un breve removido antes de servir devolverá la homogeneidad a la emulsión. No se recomienda congelarlo, ya que la emulsión puede romperse y alterar su consistencia.

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