Málaga tiene mucho que ofrecer a quienes disfrutamos de la buena mesa
Y no hablo solo de los restaurantes de moda, sino también de esas barras de toda la vida, los asadores que respetan el oficio o los chiringuitos donde el pescado sigue siendo el protagonista. Cuando salgo a comer, busco lugares con personalidad, donde se cuide el producto y se cocine con criterio. En esta selección comparto siete de mis restaurantes favoritos de Málaga y su provincia, desde propuestas de alta cocina hasta establecimientos que mantienen viva la tradición gastronómica de nuestra tierra.
El Yerno (Paco el Yerno) – Málaga
Para mí, El Yerno representa la esencia de Málaga: una buena barra, producto fresco y pocas complicaciones. Paco Murillo trabaja con pescados y mariscos que selecciona a diario en el mercado de Atarazanas. Aquí se viene a comer boquerones fritos, gambas, salmonetes, calamares o un buen corte de atún rojo, según lo que haya llegado. Todo se prepara con el respeto que merece la materia prima, ya sea a la plancha, frito o cocido. Una barra de mercado donde el producto es el verdadero protagonista.
El Saladero – Caleta de Vélez
El Saladero es uno de esos lugares donde el producto se disfruta sin artificios. Situado junto al mar, en Caleta de Vélez, ocupa el espacio del antiguo bar del puerto y mantiene el carácter popular de los chiringuitos de siempre. Su especialidad son los pescados y mariscos frescos de la lonja, que pueden prepararse al espeto, a la plancha o fritos. También hay arroces y paellas. Me gusta porque demuestra que no hacen falta grandes elaboraciones cuando se trabaja con buena materia prima.
Asador Don Joaquín – Pizarra
En Don Joaquín se respeta el oficio del asador, algo que valoro especialmente. Situado en el Valle del Guadalhorce, trabaja con horno de leña de encina y una selección de carnes donde destacan el cochinillo segoviano, el cordero lechal y el chivo malagueño. Pero no todo gira alrededor de los asados: los guisos tradicionales y los productos de la huerta también tienen su sitio. Es una cocina que mantiene la ortodoxia, cuida los tiempos de cocción y entiende que un buen producto necesita paciencia.
René – Málaga
René es una de las propuestas de alta cocina más interesantes de Málaga. Diego René ha creado un restaurante donde el clasicismo francés dialoga con los sabores mediterráneos y una ejecución técnica muy precisa. Sus menús degustación conceden especial protagonismo al mar, con elaboraciones como el rape Wellington o las jibias rellenas con oloroso. Me interesa esa forma de entender la cocina desde el conocimiento de las bases clásicas, pero sin renunciar a una mirada contemporánea y personal.
Chiringuito Oasis – Fuengirola
Oasis es un magnífico ejemplo de cómo ha evolucionado el chiringuito malagueño sin perder sus raíces. La familia González Salguero abrió el negocio en 1980 y hoy combina una cocina marinera de producto con un servicio y unas instalaciones muy cuidados. Aquí se puede disfrutar de unas buenas gambas cristal, boquerones fritos, arroces y pescados a la brasa, como el pargo o el rodaballo. Me gusta porque ha sabido modernizar el concepto de restaurante de playa manteniendo el sabor del Mediterráneo.
Sarmiento Brasa Andaluza – Casares
Sarmiento demuestra que la cocina de pueblo puede ser auténtica y contemporánea al mismo tiempo. Los hermanos Juan Diego y Miguel han transformado la antigua casa familiar en un restaurante con unas vistas magníficas al pueblo blanco de Casares. Su propuesta gira alrededor del producto local y las brasas, con especial atención al chivo malagueño y las carnes maduradas. Me gusta su manera de actualizar la tradición sin perder las raíces, y el protagonismo que conceden a los vinos de Málaga y Andalucía.
Chinchín Puerto – Caleta de Vélez
Chinchín Puerto es uno de esos restaurantes donde el mar se entiende desde el conocimiento del producto. Situado frente al puerto deportivo de Caleta de Vélez, trabaja con pescados y mariscos que llegan directamente de las lonjas de la zona. Merece la pena probar las quisquillas, las coquinas, el borriquete o su ensaladilla rusa, reconocida como la mejor de España en 2020. Me gusta porque consigue que la cocina marinera de siempre resulte especial sin perder la sencillez que la caracteriza.