En primer lugar, el sofrito de la base (cebolla, zanahoria y apio) debe hacerse lentamente para que la salsa de tomate absorba todo el sabor de las verduras. En cuanto al ragú, la clave está en elegir carne de calidad y en procurar que quede jugosa; por eso, el tiempo de cocción debe ser de mínimo 45 minutos, a fin de que quede tierna y el sabor del tomate se suavice. Para evitar que la lasaña quede seca, utiliza una bechamel más líquida de lo habitual, ya que la pasta absorberá parte de ella durante el horneado. Por último, el reposo final de unos 15 minutos es esencial para que la lasaña se asiente y no se desmonte al cortar la primera porción.
Variantes
Si bien la lasaña clásica es insuperable, existen variantes que pueden aportar un toque diferente. Para un relleno supercremoso, puedes mezclar la última capa de ragú con una capa de requesón, que le dará una textura ligera y un sabor suave que contrasta con la carne. Otra variante muy popular es sustituir la mitad de la carne de ternera por salchicha italiana desmenuzada (sin piel), que con sus condimentos intensifica el sabor. Si buscas un plato vegetariano, puedes reemplazar el ragú por un sofrito de champiñones, setas portobello y espinacas con la misma base de tomate, con lo que obtendrás una textura y un sabor que te sorprenderán por su semejanza a los de la carne. Y para más variedad, déjate inspirar también por estas recetas de pasta al horno.
Con qué acompañar la lasaña de carne
En general, la lasaña no suele llevar acompañamientos, al menos en la cocina italiana tradicional, pero si quieres incluir alguno, lo ideal es que sea ligero y fresco para equilibrar la riqueza de la carne y la bechamel. Una buena combinación incluye una ensalada de hojas verdes simples, como rúcula o espinacas baby, aderezada con una vinagreta de aceite, limón y mostaza de Dijon. En cuanto a la bebida, la lasaña combina a la perfección con un vino tinto joven o crianza que no tenga mucho cuerpo, como un Chianti o un tempranillo.
Cómo conservar la lasaña de carne
Esta es una receta que mejora con el tiempo. Una vez cocinada y fría, la lasaña se conserva muy bien en la nevera entre 3 y 4 días, guardada en un recipiente hermético o bien tapada con papel film. A la hora de recalentarla, la recomendación es que lo hagas en el horno, para que el queso recupere su textura crujiente. También es un plato ideal para la congelación: si la vas a congelar, es mejor hacerlo una vez montada, pero antes de hornearla. Tápala con papel de aluminio y congélala. El día que vayas a consumirla, hornéala directamente, sin descongelarla antes, añadiendo unos 20 o 30 minutos extra al tiempo de cocción, y luego gratina.