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Níscalos al ajillo: receta tradicional paso a paso

Por
Fine Dining Lovers
Redacción
Dificultad
Fácil
Tiempo total
15MIN
Cocina
Ingredientes

Níscalos frescos: 500 g

Dientes de ajo: 4

Aceite de oliva virgen extra: 4 cucharadas

Guindilla o cayena (opcional): 1 pequeña

Vino blanco seco: 50 ml

Perejil fresco: 1 ramillete

Sal: al gusto

Pimienta negra recién molida: al gusto

Los níscalos, también conocidos como robellones, son una de las joyas otoñales dentro del mundo de las setas, y esta receta les hace honor con una preparación rápida y sencilla, pero muy elegante

01.
Limpiar los níscalos

Cepillar los níscalos cuidadosamente o limpiar con un paño húmedo para eliminar la tierra sin mojarlos en exceso para que no pierdan sabor. Cortar en cuartos o láminas si son grandes y dejar enteros los ejemplares pequeños.

02.
Preparar el aromatizado

Pelar los dientes de ajo y cortar en láminas finas. Picar la guindilla (si se utiliza) y el perejil fresco. Calentar el aceite de oliva en una sartén amplia a fuego medio. Incorporar el ajo y la guindilla y dejar que se cocinen lentamente hasta que el ajo empiece a dorarse (sin que se queme, para evitar un sabor amargo).

03.
Saltear los níscalos

Aumentar el fuego y añadir los níscalos. Saltear durante 5 a 8 minutos, removiendo con frecuencia. Después de que hayan soltado su agua, continuar la cocción hasta que el líquido se haya reducido casi por completo. En ese momento, salpimentar.

04.
Desglasar y finalizar

Verter el vino blanco y subir el fuego al máximo para evaporar el alcohol durante uno o dos minutos. Si se desea una salsa más ligada, añadir un chorrito de caldo de pollo o verduras y dejar reducir unos instantes.

05.
Toque final

Retirar la sartén del fuego, añadir el perejil fresco picado y remover para distribuir el aroma. Servir los níscalos de inmediato, si es posible, en cazuelas de barro o en platos individuales, para que no pierdan temperatura y aroma.

Consejos y trucos

El momento de añadir la sal es clave: si lo haces al principio, la sal deshidratará la seta y podría hacer que quede dura. Por eso, añade la sal y la pimienta solo después de que los níscalos hayan soltado parte de su agua. Otra cosa que debes saber es que la seta es como una esponja, lo que significa que el mejor truco para limpiarla no es lavarla, sino cepillarla con un cepillo pequeño y utilizar un paño húmedo para quitar la tierra. Si fuera necesario pasarlas por debajo del grifo, procura secarlas enseguida y muy bien. Si buscas un sabor más intenso y un toque de acidez, añade vino blanco, o bien caldo casero de pollo verduras para obtener un sabor más suave y un poco más de jugo para mojar pan.

Variantes

Níscalos al ajillo con jamón: cuando pongas el ajo, añade 50 g de taquitos de jamón serrano o ibérico, cuyo punto salado realzará el sabor del níscalo y creará una sabrosa combinación.

Con huevos de corral: sirve los níscalos con un huevo poché o frito encima. Al romper la yema, se creará una salsa cremosa mezclada con los jugos de la seta (ideal para acompañar con unas rebanadas de pan de masa madre).

Sabor a montaña: incorpora una ramita de tomillo o romero fresco justo antes de añadir el vino para darle un aroma silvestre y profundo.

Con qué acompañar los níscalos al ajillo

Los níscalos al ajillo destacan por su sabor intenso y terroso, por lo que conviene acompañarlos con preparaciones sencillas o contrastes equilibrados. La pareja perfecta es un pan rústico tostado o una buena hogaza casera para aprovechar la salsa aromática. También pueden servirse como guarnición de carnes suaves, como solomillo de cerdo a la plancha o lomo de atún. Para una presentación más sofisticada, coloca los níscalos sobre tostadas de pan de pueblo y espolvorea queso rallado o unas lascas de parmesano. Y si buscas un acompañamiento más fresco, incorpóralos en caliente a una ensalada de hojas de roble con nueces y pipas de calabaza: lograrás un irresistible contraste entre lo crujiente y lo jugoso.

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