El cóctel Boulevardier tiene su origen en el París de los años veinte, un período clave para el desarrollo de la coctelería clásica, marcada por la llegada de expatriados estadounidenses que huían de la ley seca y encontraban en la capital francesa un ambiente propicio para la vida social y gastronómica. La receta quedó documentada en 1927 en el libro Barflies and Cocktails, del barman Harry McElhone, una de las figuras más influyentes de la coctelería del siglo xx, y quien lo preparó por primera vez. La idea del cóctel se atribuye a Erskine Gwynne, editor de la revista The Boulevardier, una publicación dirigida a estadounidenses acomodados que residían en Europa. Cliente habitual del Harry’s New York Bar, de propiedad del mencionado Harry McElhone, Gwynne solicitaba una variación del Negroni en la que el gin se sustituía por whisky, una adaptación más acorde con los gustos del paladar estadounidense. El resultado llamó la atención de McElhone, quien decidió fijar la receta y bautizarla con el nombre de la revista de su creador. Así nació el Boulevardier, un cóctel que conserva la estructura clásica del aperitivo amargo italiano, pero la reinterpreta con notas más cálidas y profundas aportadas por el whisky. Su nombre alude también al ideal del boulevardier: un hombre “de mundo”, que frecuenta los bulevares y es elegante, cosmopolita y conocedor, y cuya actitud queda perfectamente reflejada en el carácter sobrio y envolvente de este gran clásico.
Boulevardier vs. Negroni
Aunque el Boulevardier y el Negroni comparten dos de sus tres ingredientes, la diferencia que aporta el uso del whisky en lugar de gin es notable. En el Negroni, el gin da como resultado un perfil fresco, botánico y marcadamente seco, ideal para el aperitivo, mientras que en el Boulevardier, el whisky aporta notas de madera, vainilla y caramelo que lo vuelven más envolvente y redondo. Es por eso que este último es el acompañante perfecto para climas fríos o para disfrutarse después de una comida.
Consejos y trucos
El éxito de este cóctel depende en gran medida de la elección del whisky: un bourbon le dará un perfil más dulce y suave, mientras que un whisky de centeno (rye) añadirá notas especiadas y un final más seco. Es fundamental conservar bien el vermut, ya que, al ser un vino fortificado, una vez abierto debe mantenerse siempre en el refrigerador y no más de algunas semanas, para evitar que se oxide y pierda su complejidad. Otro factor clave es remover solo lo necesario para enfriar la mezcla, a fin de que el cóctel no se diluya demasiado. Si se busca un sabor más o menos amargo, se puede ajustar ligeramente la cantidad de vermut sin alterar la estructura básica del cóctel, lo que permite adaptarlo mejor al gusto personal de cada comensal. En cuanto a la presentación, además de la piel de naranja que mencionamos, no te pierdas estas ideas para la decoración de cócteles.
Variantes
El Boulevardier permite diversas interpretaciones contemporáneas que mantienen su identidad original, pero aportan diferentes matices al cóctel. Una opción interesante es el Boulevardier seco, que reduce la proporción de vermut dulce o añade un toque de vermut seco para lograr un perfil más austero. También existe el Smoky Boulevardier, en el que se sustituye una parte del whisky base por uno ahumado para aportar profundidad. Para quienes buscan algo diferente, la versión especiada incluye una pizca de amargos de angostura, mientras que el White Boulevardier utiliza un bitter claro y vermut blanco para obtener una bebida visualmente más ligera pero con la misma intensidad alcohólica y ligeramente amarga que define a este gran clásico.