Para elevar la calidad de este cóctel con cava, es fundamental centrarse en la temperatura y en la materia prima. Evita el uso de zumos industriales, ya que su sabor artificial y el exceso de conservantes arruinarían el equilibrio del agua de Valencia. Se recomienda utilizar naranjas de temporada, preferiblemente valencianas, por su alto contenido en zumo y su dulzor natural. En cuanto al frío, es aconsejable tener todos los ingredientes, incluidos los licores y la jarra, en la nevera durante varias horas antes de la preparación. Esto permite que el cóctel esté bien frío desde el primer momento sin necesidad de que el hielo se derrita rápidamente. Un truco de profesional consiste en no usar nunca hielo picado, ya que se deshace en cuestión de minutos y acaba aguando la mezcla, desvirtuando por completo el sabor original.
Variantes
Aunque la receta clásica es la más respetada, existen diversas formas de adaptar esta bebida según las preferencias personales o la ocasión. Se puede optar por una versión más ligera o “light”, reduciendo la proporción de vodka y ginebra a la mitad, lo que la convierte en una bebida ideal para un aperitivo prolongado. Por otro lado, hay quienes prefieren aportar un matiz aromático extra. Solo tienes que añadir un chorrito de licor de naranja, como el Cointreau o el Grand Marnier, para intensificar el perfil frutal del combinado.
Consejos para servir el agua de Valencia
La presentación de este cóctel es casi tan importante como su sabor para garantizar una experiencia completa. Lo ideal es utilizar siempre una jarra de cristal transparente de boca ancha que permita ver el color vibrante del zumo y el movimiento de las burbujas del cava. A la hora de elegir la cristalería individual, lo más elegante es servir la bebida en copas de champán de estilo antiguo, conocidas como copas Pompadour (anchas y bajas), o, en su defecto, en copas de vino de cristal fino. Conviene evitar los vasos de tubo o de plástico, que no permiten percibir adecuadamente los aromas cítricos. Para dar un toque final, se puede frotar ligeramente una piel de naranja en el borde de la copa, lo que aportará una fragancia inmediata al comensal.
Origen e historia del agua de Valencia
Para conocer el origen de esta famosa bebida, debemos trasladarnos al año 1959 en la ciudad de Valencia. El escenario no fue otro que la Cervecería Madrid, un local emblemático frecuentado por intelectuales y artistas de la época. Su creador fue el polifacético Constante Gil, un pintor y hostelero que regentaba el establecimiento.
La historia cuenta que un grupo de clientes habituales, procedentes de Vizcaya, solían pedir siempre “Agua de Bilbao”, refiriéndose con humor al mejor espumoso de la casa. Un día, cansados de lo de siempre, retaron a Constante a ofrecerles algo novedoso y genuinamente local. Gil les propuso probar el “Agua de Valencia”. En ese momento, improvisó la mezcla de zumo de naranja recién exprimido, cava y los alcoholes blancos que tenía a mano en la barra. El éxito fue inmediato. Aquellos viajeros no volvieron a pedir otra cosa durante sus estancias en la ciudad. Sin embargo, el cóctel permaneció en un segundo plano, conocido solo por los habituales de la Cervecería Madrid, hasta que en la década de los 70 comenzó a popularizarse por toda la noche valenciana.