Cuando preparo un tiramisú, hay algunas cosas a las que presto especial atención
Una de ellas es la temperatura de los ingredientes. El mascarpone tiene que estar bien frío, mientras que los huevos se trabajan mejor a temperatura ambiente. Puede parecer una cuestión secundaria, pero no lo es cuando buscamos que la crema tenga la consistencia adecuada.
También hay que dedicarle tiempo al batido. Yo dejo que los huevos monten durante unos diez minutos, hasta que tripliquen su volumen. Después, al incorporar el mascarpone, procuro trabajarlo lo justo. No me interesa batirlo más de lo necesario, sino conseguir que se integre bien con los huevos.
Otro momento en el que conviene estar atento es cuando mojamos los savoiardi en el café. Dos o tres segundos son suficientes. Si absorben demasiado líquido, la textura del postre cambia, y eso se nota especialmente cuando empezamos a servirlo.
Al final, lo que busco es un tiramisú en el que la crema y los bizcochos tengan el mismo protagonismo. Y, por supuesto, nunca me salto el reposo en la nevera. Son cuestiones sencillas, pero conviene tenerlas presentes. Estos son los siete consejos que sigo en mi preparación.
1. Mantengo el mascarpone bien frío
Lo primero que tengo en cuenta es la temperatura del mascarpone. Lo saco de la nevera justo cuando voy a preparar la crema, porque necesito que esté bien frío al incorporarlo. Si lo dejamos demasiado tiempo fuera, empieza a perder firmeza y después resulta más difícil conseguir la consistencia que buscamos.
2. Remuevo el mascarpone a mano antes de incorporarlo
No me gusta trabajar demasiado el mascarpone. Antes de añadirlo a los huevos, lo remuevo un poco a mano, lo justo para que se ablande ligeramente y pueda integrarlo con más facilidad. Es algo que hago siempre en el último momento, justo antes de mezclarlo con los huevos. No hace falta batirlo durante varios minutos ni manipularlo más de lo necesario.