La harina de garbanzo crujiente es la base de esta receta fresca y pensada para compartir, inspirada en la cocina de la Riviera franco-italiana.
La socca es un plato tradicional elaborado con harina de garbanzo, agua y aceite de oliva virgen extra. Originariamente un alimento básico entre Niza y la Riviera franco-ligur, hoy ha vuelto a ganar protagonismo en bistrós contemporáneos y bares de vinos gracias a su sencillez y versatilidad. Crujiente por fuera y tierna por dentro, la socca se presta perfectamente a reinterpretarse con ingredientes frescos y de temporada, adaptándose a distintos gustos y ocasiones.
Sus orígenes antiguos se encuentran en la tradición mediterránea de los platos a base de garbanzos, populares desde hace siglos en Liguria, Provenza y a lo largo de la costa francesa. Tradicionalmente, se cocinaba en grandes bandejas redondas de cobre dentro de hornos de leña y se servía muy caliente, a menudo para comer en la calle o en los mercados.
En los últimos años, la socca ha sido redescubierta por la gastronomía contemporánea gracias al auge de las harinas alternativas y de los platos vegetales sencillos, pero llenos de sabor. Hoy aparece con frecuencia en las cartas de bares de vinos y restaurantes de alta cocina más informal, como una alternativa más ligera y pensada para compartir que la focaccia y los panes planos clásicos.
En esta versión, la base se completa con stracciatella, tomate confitado y hierbas mediterráneas para crear un equilibrio entre sabor salado, acidez y frescura. Es una receta fácil de preparar, perfecta para compartir en una reunión de verano o para un aperitivo diferente.